“Contra el Odio: Un alegato en defensa de la pluralidad de pensamiento, la tolerancia y la libertad" Carolin Emcke Resumen
Por: María Isabel Sánchez
El odio siempre es un acto difuso, los que odian deben sentir seguridad ya que si se duda del odio no sería posible odiar, y odiar requiere de una certeza absoluta. El odio fabrica su propio objeto y lo hace a medida, siempre se mueve de manera vertical, y se dirige “a los de allá arriba” o “a los de allá abajo”, siempre el “otro” es lo que reprime o amenaza lo “propio”. El otro es a quien cualquiera puede lastimar, herir, despreciar o matar. Pero este otro y todos los demás que son el objeto del odio no pueden ni toleran acostumbrarse a él. Sin duda alguna siempre ha existido el rechazo hacia quienes son percibidos como diferentes, distintos o extraños, la idea de que quienes profesan una fe diferente, o que poseen un aspecto o aman de manera diferente deben darse por bien servidos y satisfechos, dejar al resto del mundo en paz. Pero ahora algo ha cambiado, ahora se odia abierta y descaradamente, como si los estándares de convivencia se hubiesen vuelto al revés ya que quien respeta a los demás debería avergonzarse y aquel que niega el respeto al otro, lo insulta y lo humilla debería enorgullecerse de sí mismo por tal acción. Estos actos no son un avance para la civilización humana, porque en los últimos años estos actos de exhibicionismo han adquirido más poderes que antes ahora hacen parte del poder político y relevancia pública. Este odio es colectivo e ideológico, requiere de moldes prefabricados para poder verterse en ellos, los términos para humillar, las cadenas e imágenes que utilizamos para clasificar y los esquemas de percepción emiten juicios hacia los demás.
El odio se
cultiva no aparece de pronto. El desprecio a los demás crece y crece y termina
por perjudicar a todos, ya sea cuando callamos o cometemos humillaciones porque
nos sentimos temerosos de los gritos y nos dejamos amedrentar por tal odio que
sale de los demás hacia nosotros. Uno de los efectos del odio es que se
comienza a trastornar a todos los que están expuestos a él, los desorienta y
los hacen perder la confianza. Quien pretenda hacerle frente al odio con más
odio ya está manipulado por él, en cambio para poder combatir el odio se logra
rechazando su contagio, además se debe combatir con la observación atenta, la
matización constante y el cuestionamiento de uno mismo. Para esto se debe
ir descomponiendo el odio en todas sus
partes, poder distinguirlo, cómo surge y cómo opera en el contexto histórico,
regional y cultural. Cuando observamos el odio y la violencia significa
visibilizar todo su contexto, para rebatir el mito de que el odio es algo
natural como si viniese con nosotros pero no es así, el odio se fabrica y la
violencia tampoco es algo espontaneo sino que es algo que se incuba dentro del
ser y sus sentimientos. Para poder demostrar que el odio y la violencia pueden
cambiar de decisión en el final de los actos se deben observar sus mecanismos,
siempre que se desea saber el momento exacto en el que se activa el odio y la
violencia existe la posibilidad de interrumpirlo y detenerlo. Apoyar a los
humillados hace parte de los pequeños detalles que marcan la diferencia y abren
un espacio social en donde no se discrimina a nadie. El movimiento más
importante para evitar el odio es salirse de sí mismo y dirigirse a los demás
para compartir y abrir espacios sociales y públicos.

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