Minicuento Un caballo de ajedrez (De María Isabel Sánchez)


Había una vez un caballo de ajedrez llamado Aldebarán que quería dejar de ser caballo y convertirse en rey, porque creía que ser el rey era mucho mejor que ser un caballo. Cuando terminó la partida de ese día el rey pidió a sus alfiles y peones descansar mientras las torres y los caballos debían cuidar ese lado del tablero. Mientras el rey y la reina tenían una reunión de estrategias para poder enfrentar al siguiente rival, se idearon grandiosas jugadas para poder derribar al contrincante. Al día siguiente el rey y la reina descansaban mientras los alfiles y peones se ponían en posición para que los caballos y las torres pudieran descansar antes de la partida. Cuando el contrincante llegó y organizó sus fichas en el tablero se dió por iniciado el primer juego del día. Pasaron unas horas y ya habían terminado seis partidas, todas las fichas estaban tan cansadas que se durmieron inmediatamente. Sin embargo, el rey no podía dormir tan plácidamente como sus peones y alfiles, ya que él debía seguir ideando estrategias para moverse dentro del campo de juego. Cuando Aldebarán despertó vio el difícil papel que cumplía el rey ya que no podía descansar tanto como él creía, aunque tuviese el tan anhelado título de rey. Así que comprendió que llevar la responsabilidad de un equipo es un trabajo fuerte y que el líder debe invertir mucho más tiempo que los demás en el grupo. Aldebarán decidió dejar de pensar en querer ser el rey ya que entendió que todas las piezas del ajedrez son importantes, desde el peón hasta el rey cumplen un papel único en el tablero y en el campo de juego.




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