Él quería ser científico ya que vivía en una época de paz, el momento en el que su deseo llego cuando vio por primera vez las estrellas eran soles muy poderosos. No estaba seguro de que entonces entendiera siquiera el significado de la palabra «ciencia», pero de alguna manera quería poder sumergirse en toda la grandeza de la palabra. Le llamaba la atención el esplendor del universo, le fascinaba la perspectiva de comprender cómo funcionaban realmente las cosas, de ayudar a poder descubrir misterios profundos, de poder explorar nuevos mundos.
La caída en la estupidez de Norteamérica se hacía evidente principalmente en la lenta decadencia del contenido de los medios de comunicación de la época, de enorme influencia, la programación de nivel ínfimo y superstición, pero sobre todo en una especie de celebración de la ignorancia. En esos momentos, la película en vídeo que más se alquila en Estados Unidos es Dumb and Dumber. La moraleja más clara es que el estudio y el conocimiento eran prescindibles, incluso indeseables.
La época nos brinda una moraleja que realmente se debe tener en cuenta ya que la insensatez de la humanidad conjunto con su ignorancia lleva a un nivel extremo de superstición e influencia lleno de conocimiento ejemplar para el estudio del cosmos en su totalidad.
La causa de la miseria humana es evitable ya que no suele ser tanto la estupidez como la ignorancia, particularmente la ignorancia de nosotros mismos. A él le preocupa, especialmente ahora que se acercaba el fin del milenio, y la superstición se hacían más tentadoras de año en año. ¿Dónde se había oído eso antes? Siempre que se afloran los prejuicios étnicos o nacionales, en tiempos de escasez, cuando se desafía a la autoestima o vigor nacional, cuando se sufre por el insignificante papel y significado cósmico o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor y en el tiempo de la época, los hábitos de pensamiento familiares de épocas antiguas toman se toma el control. La llama de la vela parpadea. Temblaba aquella pequeña fuente de luz. Aumentaba la oscuridad. Los demonios empezaban a agitarse cada vez más.
La ciencia estaba lejos de poder ser un instrumento de conocimiento perfecto. Simplemente, es lo mejor que se tiene. En ese sentido, como en muchos otros, es como la democracia. La ciencia por sí misma no se puede apoyar en determinadas acciones humanas, pero sin duda puede iluminar las posibles consecuencias de acciones alternativas.
Debido a esto por alguna razón se puede ver la ciencia y la esperanza de otra manera siendo esta la única solución a los casos provocados por las mismas acciones de la naturaleza humana, siendo el acabose de todo lo que se tiene como concepto de la esperanza de un mundo lleno de ciencia y razón. La manera de pensar científica es imaginativa y disciplinada al mismo tiempo. Ésta es la base de su éxito. Y por ser la base del gran éxito nos explica que para poder desarrollar el estudio del conocimiento se debe tener en cuenta la disciplina como factor fundamental de la ciencia y la vida en su totalidad como seres humanos razonables.
La ciencia nos invita a aceptar los hechos, aunque no se adapten a nuestras ideas preconcebidas. Ya que las ideas preconcebidas nos brindan más seguridad de lo que se quiere realizar porque se han estudiado con previo consentimiento de la razón humana con cierta superstición de lo que se vive. Nos aconseja tener hipótesis alternativas en la cabeza y ver cuál se adapta mejor a los hechos. Porque los hechos se deben tener de común acuerdo las ideas planteadas anteriormente para que todo pueda encajar según la razón para realizar estos actos.
Nos incita a llevar un delicado equilibrio entre una apertura sin barreras a las nuevas ideas, por muy heréticas que sean, y el escrutinio escéptico más riguroso: nuevas ideas y sabiduría tradicional. Ya que con las nuevas ideas se puede llegar a indisponer sobre la sabiduría tradicional por esta razón se debe tener un concepto innovador pero con el toque tradicional del hecho. Esta manera de pensar también es una herramienta esencial para una democracia en una era de cambio. Una de las razones del éxito de la ciencia es que tiene un mecanismo incorporado que corrige los errores en su propio seno. Siendo eficaz desde su concepción por medio del corregir de cada detalle en el camino al éxito de la ciencia en sabiduría en bruto.
Quizá algunos consideren esta caracterización demasiado amplia pero, para Carl Sagan cada vez que ejercemos la autocrítica, cada vez que comprobamos nuestras ideas a la luz del mundo exterior, estamos haciendo ciencia. Es cuando somos autoindulgentes y acríticos, cuando confundimos las esperanzas con los hechos, caemos en la pseudociencia y la superstición. Cada vez que un estudio científico presenta algunos datos, va acompañado de un margen de error: un recordatorio discreto pero insistente de que ningún conocimiento es completo o perfecto. Ya que si no lo acompaña estos tipos de conocimientos no se consideraría un estudio científico completamente.
Es una forma de medir la confianza que se tiene en lo que se cree saber. Puesto que si no se puede medir el grado de confianza no podríamos creer en cualquier especulación sobre alguna teoría científica. Si los márgenes de error son pequeños, la precisión de nuestro conocimiento empírico es alta; si son grandes, también lo es la incertidumbre de nuestro conocimiento. Ya que si no se logran percibir errores es un punto a favor del conocimiento científico pero si en otro caso se llegan a tener una gran probabilidad de errores podría dañar el resultado final del estudio.
Excepto en matemática pura, nada se sabe aunque puede que llegase a ser verdad el resultado. Además, los científicos suelen ser muy cautos al establecer la condición verídica de sus intentos de entender el mundo que van desde conjeturas e hipótesis, que son provisionales, hasta las leyes de la naturaleza, repetida y sistemáticamente confirmadas a través de muchos interrogantes acerca del funcionamiento del mundo.
Ellos como científicos deben tener un cierto grado de credibilidad en sí mismos ya que ese es uno de los factores fundamentales de la mentalidad científica y que esta compuesta por una investigación. Pero ni siquiera las leyes de la naturaleza son absolutamente ciertas. Ya que estas pueden ser imprescindibles por su manera de ser efectuadas o realizadas en la investigación.
Puede haber nuevas circunstancias nunca examinadas antes sobre todo los agujeros negros, en los que incluso nuestras loadas leyes de la naturaleza fallan y, por muy válidas que puedan ser en circunstancias ordinarias, necesitan corrección. Porque a ciencia cierta no se conoce el verdadero funcionamiento de estos cuerpos celestes que habitan allí afuera en donde solo nosotros hacemos hipótesis y especulaciones sobre todo lo relacionado con ellos. Los humanos podemos desear la certeza absoluta, aspirar a ella, pretender como hacen los miembros de algunas religiones que la han logrado de cierta manera de su perspectiva. Pero la historia de la ciencia nos enseña que lo máximo que podemos esperar es, a través de una mejora sucesiva de nuestra comprensión, aprendiendo de nuestros errores, tener un enfoque asintótico del universo, pero con la seguridad de que la certeza absoluta siempre se nos escapará.
Porque como seres humanos llegamos a obtener un nivel de conocimiento pero no la absoluta verdad ni un conocimiento absoluto de todas las cosas que existen dentro del universo, solo obtenemos una pequeña parte esencial para poder llevar y manejar nuestro mundo dependiendo de estos conceptos dados de diferentes perspectivas y concepciones de conocimientos.

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